Para todos mis grandes amigos que son un ejemplo de determinación y alegría para mí
Está claro que hay muchos asuntos en la humanidad que al discutir su coherencia o no en la actualidad, obligan a remitirse a causas del pasado, al inicio de las cosas. Hablar de qué es correcto o no, necesita de un análisis coyuntural que va desde la religión, economía, educación hasta la política. La homosexualidad es sin duda uno de los temas que divide al mundo en dos, tan simple como “los tolerantes y los intolerantes”.
Si hablamos de homosexualidad hay que entender que va mucho más allá de la relación entre dos hombres. Por esto LGBTI es la sigla que incluye toda la diversidad e inclinaciones sexuales; aunque usar el término sexual, por más que sea necesario ya demuestra uno de los problemas colectivos, donde el imaginario común denota que la decisión de vida de una persona está directamente relacionada con asuntos de cama, hasta aberraciones.
La discusión no es enumerar la cantidad de prejuicios sociales, morales y religiosos (último tema que me interesaría tocar, porque que es una lucha perdida); sino entender que no hay diferencia, entre razas, etnias, dialectos, culturas, ni “inclinaciones sexuales”, al momento de definir qué nos hace seres humanos, sí por dentro todos tenemos los mismos sistemas nerviosos, respiratorios, digestivos; el mismo número de extremidades, de ojos y orejas en el rostro.
Lo primero es entender que esto no es algo nuevo, aquí no estamos discutiendo sobre una corriente actual. Si retrocedemos siglos atrás, a la antigua Grecia, cuna de nuestros antecedentes occidentales, podemos conocer cómo el amor entre dos hombres era normal, “existía”, de hecho la relación con la mujer en su mayoría tenía como tarea la reproducción, por el contrario el cuerpo y el valor del hombre en su cultura era tan apreciado, que los hombres adultos convertían a los jóvenes en sus amantes y de igual manera ellos al crecer repetían los mismo.
En la Edad Media todo cambió y como ya sabemos la historia el tema de la homosexualidad, así como el hecho de pensar e indagar libremente fue cohibido, anulado hasta el punto en que hoy continúan los rezagos de la discriminación y el silencio.
Gracias a la mitad tolerante y al trabajo de las minorías unidas, muchas cosas han cambiado para bien. El pasado 17 de mayo se celebró el Día Mundial Contra la Homofobia, que más que luchar contra este problema que va en contra de los derechos humanos, este día aplaude un año más desde que la Organización Mundial de la Salud sacó a la homosexualidad de la lista de problemas mentales. Freud dijo en “Carta a una madre Norteamérica”: “La homosexualidad, desde luego, no es necesariamente una ventaja, pero tampoco es nada de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni un signo de degeneración, y no puede clasificarse como una enfermedad.”
Afirmaciones como esta complementan innumerables estudios antropológicos, médicos, sicológicos, sociológicos, hasta siquiátricos que han buscado por décadas justificar con pruebas un sentimiento.
Pero de qué sirve que se declaré a las personas LGTBI como sanas, si la mitad intolerante las considera contagiosas y extrañas. Buscar el porqué del daño que se le causa a cientos de homosexuales, anímica y físicamente en nuestro país, no es necesario, puesto que aunque no lo comparta, la mitad intolerante simplemente no se acostumbra a lo que no conoce, y eso asimismo eso se respeta.
No siento que esté sola cuando pienso en un mundo donde todos puedan vivir como sueñan, en paz en todos sus sentidos, desde el hogar hasta en las grandes guerras. Muchos países avanzan en pro de los derechos humanos y de la inclusión del bienestar común, sin importar qué sexo les guste a sus ciudadanos, por esto hay que seguir luchando en Colombia. Debemos aprender de las minorías, que no agachan la cabeza y continúan unidos defendiendo lo que es justo hasta ser escuchados por la opinión pública, que espero un día no esté partida en dos.